El fútbol, más que un juego, es una narrativa de pasión y talento, y en esa narrativa, Carlos Reinoso escribió el primer capítulo de su leyenda un domingo de abril de 1964.
Aunque el marcador no lo reflejó, su actuación fue una victoria personal y una promesa de los triunfos que estaban por venir. En aquel debut, las características que lo definirían como un ídolo emergieron con fuerza y anunciaban la llegada de un nuevo héroe al firmamento del fútbol chileno.