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La llegada al Hilton de São Paulo, en el anochecer del pasado jueves 4 de agosto, tuvo un especial significado para Audax Italiano.
En el amplio hall del hotel paulista, los buzos deportivos de las delegaciones del Benfica de Portugal, Peñarol de Uruguay, Parmalat de Hungría y Juventude de Brasil se confundían con el gris impecable de la forma tenida de los integrantes del plantel itálico, adquirida especialmente para la histórica cita.
Ya en el salón de ingreso se palpaba fútbol: el brasileño Mozer, defensa del Benfica, firmaba a destajo autógrafos para sus compatriotas; los jugadores uruguayos, liderados por Dorta y Bengoechea, apuraban el registro en el hotel; y los reportes buscaban las habitaciones del belga Preud’Homme y del eterno Eusebio, ayudante de técnico del equipo lusitano, Artur Jorge.
El ingreso de la delegación nacional matizó el escenario.
Era Audax Italian, un club con escasísima mención internacional en la últimas décadas y donde las referencias históricas pasaban por dos jugadores: Carlos Reinoso y Nenem, un delantero que jugó a fines de la década de los 60 y que integra la lista de los máximos goleadores brasileños de todos los tiempos.
Del resto, poco y nada. Salvo que participan en la copa porque la multinacional Parmalat había firmado un convenio de cogestión institucional, al igual que lo hecho hace un par de años con Palmeiras, y lo invitó para que afianzara su puesta en escena.
La primera gran sorpresa de los audios fue encontrarse con que la implementación solicitada estaba en São Paulo, y que esa misma noche llegaría al hotel. José Carlos Brunnoro, coordinador deportivo de Parmalat para el continente, se lo comunicó a los personeros de Audax.
La habitación que destinaron para guardar “el encargo” no dio abasto: más de media tonelada de implementos, entre juegos de camisetas, zapatos de fútbol, buzos de entrenamiento, tenidas de salida, zapatillas y otros coparon la pieza de utilería. A priori, el gerente Orlando Pizarro sacó cálculos: “Aquí hay más de 40 millones de pesos”.
Esa noche, el cuerpo técnico estuvo hasta las tres de la madrugada abriendo cajas con flamante ropa deportiva. “Cuando salgamos en Chile con el equipo oficial o el alternativo, los vamos a matar de la impresión”, comentaba el entrenador Óscar Meneses.
En un amplio salón destinado a las seis delegaciones, luego de la primera cena (los menús andinos fueron faxeados desde Santiago dos días antes) llegó la distensión. Todos a sus habitaciones, para reunirse el viernes a las 8 horas, una hora antes del entrenamiento en el estadio de Palmeiras.
UN PROMISORIO DEBUT
El viernes por la mañana, el plantel reconoció el estadio del Palmeiras, donde debutaría esa noche ante el Parmalat de Hungría. Una hora de práctica dirigida esencialmente a movimientos tácticos bastó para percibir la ansiedad de los itálicos por jugar.
El excelente estado del campos y los amplios vestuarios dejaron impresionados a varios jugadores, que ironizaba con el “parecido”, al estadio de San Felipe o Calera.
La red de televisión Bandeirantes se adjudicaba los derechos para la transmisión del certamen y había dispuesto la cobertura de los seis clubes.
El reportero encargado del equipo itálico preguntaba por sus figuras. Sólo reconocía lejanamente a dos: Eduardo Fournier, ex Cobreloa y Juan Gutiérrez, ex Colo Colo. No sabía que los audios jugaban en segunda división y se admiraba de que el último título nacional lo hubiera obtenido en 1975.
A las seis de la tarde, tal como había dispuesto la dupla técnica Oscar Meneses - Manuel Astorga, los audinos arribaron al estadio. Los organizadores ya se habían disculpado de antemano por si algún camarín no presentaba todas las comodidades. Al parecer la excusa tenía nombre y apellido, porque tanto Palmeiras como Parmalat de Hungría tuvieron vestuarios más que cómodos.
Los chilenos perdieron en esta vuelta y debieron apretujarse en una pieza donde la camilla de masajes se instaló en un pasillo. Nadie se quejó.
Audax y Parmalat estaban programados para abrir el torneo, que se jugaba con la modalidad de partidos de 45 minutos. De los húngaros sólo se sabía que eran de primera división y que años pasados el mismo club había jugado una Copa UEFA con el nombre de Videoton. En lo estrictamente doméstico, se caracterizaban por mantenerse aislados del resto porque en el salón de comida arrasaban con los postres (ya desde el primer día los jugadores supieron que era aconsejable almorzar o cenar antes que ellos).
Luego de soportar diez minutos de presión, el conjunto itálico equiparó las acciones con un planteamiento táctico que hizo olvidar las diferencias físicas.
La apertura de la cuenta, a través de una oportuna jugada del paraguayo Ferreira, descompensó a los húngaros y potenció a Audax.
Faltando siete minutos para el final, Francino pudo establecer un justiciero 2 a 0, pero desperdició un penal. Los goles que se pierden en un arco, se convierten en el otro: sobre la hora, Parmalat con una afortunada acción, igualó.
En la tanda de penales, Audax demostró poder de recuperación al quedar en desventaja por perder Ramos su lanzamiento.
Dos contenciones de Fournier, más la conversión del argentino Sánchez en el sexto penal, le dieron lo que al final sería su única victoria.
Una hora después, luego de observar la cómoda victoria de Palmeiras sobre los húngaros por 3 a 1, el elenco itálico definió el grupo con los brasileños. Pese a mantener el esquema del primer tiempo y de no tomar precauciones excesivas frente a un equipo con jugadores notables como Edmundo, Edilson, César Sampaio, Evair y Amaral, la mayor experiencia de los locales terminó por superar el esfuerzo audino.
Los goles de Evadir y César Sampaio marcaron la real diferencia entre ambos equipos.
Pese a ello, Audax hizo un mejor partido que en el debut, mostrando una cualidad primordial, la de arriesgar y no contentarse con una derrota por el mínimo.
Con un segundo lugar en el grupo, Audax debió enfrentar al tercero del otro grupo, resultó ser el poderoso Benfica de Portugal. El ánimo en Audax daba para todo luego del promisorio debut, más aún si los portugueses estaban en pretemporada y en la partida se habían visto muy duros, aunque entre sus filas estuvieran Preud’Homme, Joao Pinto o el ucraniano Kulkov.
Con todo, el domingo Oscar Meneses optó por modificar la alineación titular del comienzo y hacer jugar a todos los viajeros. Fue una alternativa atendible, pero que a la postre se reflejó en el resultado: 0 a 3 en contra, ante un rival que desde el minuto inicial quiso vengar las dos derrotas del viernes.
Audax, por su lado, no mostró orden en sus líneas y luego del segundo gol sencillamente se desdibujó en busca del descuento.
La dura derrota, sin embargo, fue asumida con hidalguía. Pesó la inexperiencia internacional, pero esos sufridos 45’ le sirvieron a los itálicos más que las anteriores encuentros.
El hecho de jugar con dos equipos de primer nivel mundial fue una vivencia impagable para un plantel que ha fijado sus objetivos en la segunda división local y en el que incluso algunos de sus componentes nunca había salido del país.
Más allá del quinto lugar final, como indicó el presidente de la rama de fútbol, Antonio Mauriciano, “estos partidos en São Paulo han reafirmado públicamente que Audax Italiano sigue vivo y que es capaz de afrontar estos desafíos como un club de primer nivel”.
Hoy, cuando Audax Italiano está sumergido en la lucha por ascender a primera, estos cuatro días de fútbol en Brasil de seguro no podrán olvidarse con facilidad.
No porque nunca más se vuelvan a vivir, sino porque simbolizan un esperanzador renacimiento.